¿Qué haría hoy Don Quijote con los molinos?

 

Cuando Panza, Guardia Civil de Tráfico, Comandancia de la Mancha, observó algo extraño moverse sobre la cabina de un moderno molino de viento, dejó la moto en el arcén de la nacional y, con el uniforme reglamentario, se plantó frente al espigado tallo metálico y alzó la vista al cielo. Tres aspas, como tres alfileres blancos, velaban como párpados la figura de lo que parecía un hombre en equilibrio sobre la góndola del aerogenerador. Panza avisó por walkie a sus compañeros, abrió la puerta del molino de un disparo y, pese a su vértigo patológico, se dispuso a subir por la escalera hasta la corola de aquella alámbrica flor de tres pétalos. Sudaba de miedo. Tembloroso escaló a oscuras el intestino metálico del molino. Envuelto en una negrura abisal, movido por el deber, alcanzó la cabina de los motores y desde un respiradero del techo pudo ver claramente a un hombre desnudo moviendo los brazos.

        El señor, tan delgado y huesudo como el molino —parecía su doble en miniatura—, le dijo que era don Quijote de la Mancha y que se encontraba en busca de autor. El sargento Panza, de inmediato, alertó por radio a todas las unidades. “Me bajaré y desapareceré de nuevo, gustosamente, cuando algún autor me rescate”, afirmó con contundencia el loco. Parecía Simón el Estilita subido a lo alto de aquella columna. Tenía barba de predicador y aspecto de no haber comido en días. “Si algún autor de renombre, algún académico, de esos que han escrito libros sobre mí, sube aquí a lo alto, le prometo, sargento, que bajaré voluntariamente. Si no es así, me quedo”, anunció.

        —Pues si espera a que suban— contestó el sargento Panza— le veo cuatrocientos años más esperando. Aunque le digo algo, esto se la contaré a mis nietos, que uno también tiene muchas historias para escribir. Si yo le contara…

        Cuando medio cuartel de la Benemérita llegó al lugar de los hechos, Don Quijote no estaba, y el sargento Sancho, pensativo, contemplaba desde lo alto de la nube metálica, el color ocre-anaranjado del Campo de Montiel.

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