LOS IMPARABLES DE ACTIMEL

 

imparable

Hace unos meses Ana Belén, Dani Rovira y Josef Ajram protagonizaron un conocido spot televisivo de Danone con el lema “Imparable”1. Una buena radiografía de lo que el filósofo Byung-Chul Han llama la sociedad del cansancio2. Si damos la vuelta al anuncio escucharemos claramente el satánico mensaje que esconde. Hagamos la prueba.

Una hipervitaminada Ana Belén sale de su domicilio envuelta en una sonrisa de dientes, brillante, oceánica, dispuesta a declarar al mundo: “Yo soy de las que elijo sentirme vital, sentirme imparable”. A continuación suena el energizante estribillo de la canción I lived (One republic): “Yo, yo lo hice todo. Fui dueño de cada segundo que este mundo pudo darnos…”.

A sus 64 años, con brillo capilar de universitaria cosmopolita, torera de cuero rojo ajustada, vaqueros y bandolera, desfila por la pasarela de la calle junto a unos jóvenes que bailan rap. Los imita y nos confiesa que “la vitalidad no tiene edad”. A continuación descorcha un Actimel Pro-Vital con Ginseng, vitaminas B9 y B12, además del L.Casei. Imparable.

También Dani Rovira sale de su casa imparable, porque, según anuncia, “cuando te sientes vital te puedes comer el mundo”. Josef Ajram pasa de las palabras a los hechos: se quita la camisa mostrando su cuerpo tatuado y se lanza al mar en una ensayada explosión de felicidad.

Hasta aquí una fantasía televisiva. Un anuncio de publicidad que nos vende bálsamo de Fierabrás. El reverso, el drama de este canto de sirena, es a dónde nos conduce, qué expectativas nos inocula. Porque el bálsamo que nos ofrece no es remedio sino síntoma de una patología. La fantasía vista al revés es un cuento de terror. Érase una vez un ser humano imposible, un cuerpo hiperactivo capaz de hacerlo todo, ser dueño de cada segundo generando expectativas incalculables, irreales y frustrantes que nos obliga a auto explotarnos. Avanzamos sin freno para convertirnos en fantásticos hombres-bala, en ensayos caseros por alcanzar el estado imparable de Ana Belén, Dani Rovira y Josef Ajram. Hay que luchar por ser ollas en plena ebullición, reactores nucleares, corredores sin freno. La sonrisa blanqueada y obesa que es capaz de tragarse un Pro-Vital como si engullera el planeta entero.

Josef Ajram, estereotipo de hombre de hierro (iron man), es un una suerte de encarnación malentendida del superhombre nietzscheano. ¿Su filosofía? WITL, así la define en su página web 3. No hay límite. Querer es poder. Nada es imposible. Emprende un sueño y cúmplelo. Sé el emprendedor de ti mismo y rinde hasta la extenuación y más. Corre, corre, corre. Nada mil kilómetros y sube mil montañas. Vitamínate. Run baby run —como dice otra canción del anuncio. Desayuna bálsamo de Ginseng G115 o leuterococo con Pharmaton complex de 60 cápsulas, vitamina C y jalea real. Despierta para alumbrar al mundo con tu energía como una estrella solar incombustible.

Hemos fabricado la mítica de una voluntad omnipotente, la metafísica de una voluntad hipermusculada, dopada e hiperestimulada. La propia expresión hombre de hierro delata una semántica reveladora. Heredamos de Descartes el dualismo entre el cuerpo (res extensa) y la mente (res cogitans), y como condición de posibilidad de ambas Dios. Pues bien, con esta filosofía del ser “imparable”, vivimos para engordar una voluntad enferma de obesidad mórbida. El hombre de hierro es omnipotente, omnisciente y omnipresente —tres cualidades reservadas tradicionalmente a Dios—. Lo puede todo, lo sabe todo (millones de datos con un solo click) y está en todas partes (lo tenemos a demanda a través videoconferencia, canales de YouTube, televisión, radio,…). De tal manera que ahora es Dios nuestra condición de posibilidad. Ya no se trata de “pienso, luego existo”, sino “rindo, luego existo”. En esta cultura del rendimiento profundo uno es en tanto rinde hasta la extenuación.

Aquí viene la enfermedad. La hiperinflación de tanto positivismo, de tanta vitalidad, de tanto rendimiento inhumano acaba con el síntoma de nuestra era: el cansancio. Un cansancio que ya no oculta lo que esconde: la depresión, la ansiedad, el TDAH, el SDO. La patología de la hiperactividad y la violencia de la energía positiva. La ansiedad derivada de la reificación del emprendedor auto explotado, la frustración por no llegar, la angustia por metas inalcanzables, la auto exigencia permanente de una vitalidad postiza, la imposibilidad de ir siempre a tope y siempre radiante y sano, la inhumana obligación de ser feliz a toda costa, el insoportable reto de ser Dios.

Basta. Como decía Catón “nunca está nadie más activo que cuando no hace nada, nunca está menos solo que cuando está consigo mismo”. O Walter Benjamin que elogiaba al aburrimiento llamándolo “pájaro de sueño que incuba el huevo de la experiencia”.

Como dice un haiku:

Con viento de otoño

recojo una piedra.

Notas.

  1. https://www.youtube.com/watch?v=060BjB4svvI
  2. La sociedad del cansancio, Han, Byung Chul, Ed.Herder.
  3. http://www.whereisthelimit.com
ComparteEmail this to someoneShare on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+