De mano en mano: El Petit Albert, santa Teresa, Buñuel y Franco (IV)

DE LA MANO DE FRANCISCO FRANCO

franco

 

 

 

 

 

 

 

En la foto muestro el dormitorio del dictador Francisco Franco. Una habitación aparentemente convencional, salvo por un detalle: la vitrina situada bajo el cuadro colgado en la pared. Dentro de los escasos muebles de su dormitorio, en el Palacio del Pardo, encontramos un reclinatorio donde el dictador rezaba mirando la mano de santa Teresa, conservada en una vitrina. Todas las mañanas pedía a la reliquia que lo guiara en las tareas de la paz, como lo hizo en las de la guerra.

 

dormitorio

 

Era tal la devoción que no se separaba de la mano ni en sus vacaciones al palacio de Marivé que trasladaba con una prudencia exquisita. En 1939, acabada la Guerra Civil Española, su secretaria escribió al obispo señor don Balbino para explicarle las razones por las cuales no iba a devolver la reliquia a las carmelitas, que estaban seriamente disgustadas con la ausencia en el convento de la mano de la santa. Pero Franco no estaba dispuesto a ceder, ni tan siquiera un día, la mano a las monjitas. Ni el obispo fue capaz de que entrara en razón. Así que, durante treinta y seis años y hasta la muerte del dictador, vivieron sin la reliquia, impotentes y huérfanas ante tan humillante confiscación, sabedoras que era el caudillo quien disfrutaba del alma del convento. Tanto fue así, que a la muerte del dictador lo primero que hicieron fue solicitar con ansiedad su retorno.

Esta es la carta de respuesta al obispo explicando las razones por las que Franco no pensaba devolver la reliquia a las monjitas. Toda una pieza simbólica de la dictadura:

carta franco

Franco nació en 1892, Buñuel ocho años después, en 1900. El dictador vive, o mejor, duerme en una oscuridad medieval, precientífica; bajo el sueño épico de caballeros con armaduras y cinturones de castidad, al son de trompetas de guerra forjadas bajo la hoguera inquisitorial. Buñuel vive de los sueños, alumbrando el siglo XX con material medieval, como la Mano de Gloria, para sacudir las conciencias con el arma de la imaginación, del surrealismo, con un material metacientífico. Francisco y Luis, coetáneos; el primero vive ochenta años embalsamado, dentro de una vitrina, de la mano de un pasado teocrático y marcial; el segundo, sueña ochenta años que todo es sueño, y el sueño se vive si se vive soñando. La mano muerta de Franco da miedo. La mano de Buñuel es una mano puñetera e inquieta que mete sus dedos en el largo bostezo de los que viven pero nacieron muertos: reliquias vivientes con poder y dinero, pero reliquias del pasado, al fin y al cabo.

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