De mano en mano: El petit Albert, santa Teresa, Buñuel y Franco (III)

DE LA MANO DE BUÑUEL

A Nerval debemos el relato mágico de la Mano de Gloria, un autor que Breton considera anticipador del surrealismo.

Con mayor justicia todavía, habríamos podido apropiarnos del término surrealismo, empleado por Gérard de Nerval en la dedicatoria de Les Filles du feu. Efectivamente, parece que Nerval conoció de maravilla el espíritu de nuestra doctrina, en tanto que Guillaume Apollinaire conocía tan solo la letra.

                                                               André Breton en el Primer Manifiesto Surrealista (1924)

Autores del siglo XIX como Bertrand, Maupassant y Schwob, escribieron sendos relatos sobre La Mano de Gloria, que iban a influir en los autores de la vanguardia surrealista.  La mano despojada del cuerpo es, sin duda, un objeto fetiche para los surrealistas. Lo podemos comprobar visualmente en el cineasta Luis Buñuel.

En su primer film, Un perro andaluz, vemos a un hombre contemplando cómo surgen hormigas de su mano. No hace nada. La mano presenta un agujero en el centro, como la herida que queda en la palma del crucificado. Desde ese abisal hormiguero brotan hormiguitas inquietas que se desplazan hacia los dedos. La imagen repugna por cuanto la asociamos a una mano inerte devorada por insectos y gusanos, convirtiendo la mano, fuente de nexo con otros objetos y seres en el mundo, en un objeto de podredumbre y descomposición.

mano perro andaluz

En la siguiente escena, un grupo de personas rodean a una mujer andrógina que manipula con un bastón una mano cortada que yace en el asfalto. La mujer hurga la mano hasta que un policía la recoge, dispersa a la gente y se la entrega para que la guarde en una cajita.

 

MANO BUNUEL_opt

En otra escena, esta vez de El ángel exterminador, una mano surge en una secuencia, desplazándose por el mobiliario de una casa para intentar ahogar a una de las protagonistas de la narración. De nuevo aparece uno de los materiales figurativos que se repiten en la obra de Buñuel: la mano muerta. Un objeto fetiche del que llegó a escribir una escena para la película de Robert Florey, (1947), The beast with five fingers, que tituló ·Alucinaciones en torno a una mano muerta· (aunque Florey no hizo mención alguna a Buñuel en su película).

Sin duda la idea original de la mano muerta no pertenece al genio de Calanda, aunque si leemos el texto registrado por Buñuel, en la Screen Writers Guild el 14 de noviembre de 1945 , y vemos la escena de la película de Florey, comprobamos cómo el americano se apropió del texto de director español. Sea como fuera, y siguiendo el hilo argumental de las entradas, vemos cómo aparece con fuerza la Mano de Gloria, de una forma u otra, con libres adaptaciones, pero siguiendo el concepto de una mano inerte que se encuentra a su vez viva.

 

mano angel exterminador

Buscar significados a la mano muerta, como se han empeñado sesudas interpretaciones freudianas, sería contrario al espíritu buñueliano, cuya intención era cortocircuitar la lógica racional, la secuencia causal previsible para atacar la conciencia del espectador. Por ello cualquier interpretación conduce al fracaso, o si se interpreta, se tiene que hacer sabiendo que no hay más sentido auténtico que el sinsentido, y si se usa el objeto fetiche es para hacerlo sabiendo que su significado primero es, precisamente, conservar ese mundo alucinado de los sueños en nuestro aparente ordenado mundo de ideas y dispositivos de seguridad.

Aquí es donde me interesa la mano cortada, como símbolo de la irracionalidad, de lo oculto, de aquello despojado de toda suerte de asideros conceptuales, de la fiesta creativa y la ambición por crear mundos que contradigan las leyes de la ciencia. Bajo el mundo de la lucidez, el subsuelo de lo sórdido; bajo el arroyo cristalino de la causalidad, la mano negra de Heráclito; bajo el principio aristotélico de la no contradicción, el misterio del universo; bajo la luz, más luz. Dentro del orden blanqueado subsiste siempre otro orden: el de las cloacas. Pues aquello que llamamos desorden no es sino un orden distinto del que esperábamos.

Las manos santas envueltas en relicarios embellecidos por orfebres y joyeros se llaman reliquias y son veneradas en iglesias y santuarios dentro de armarios aterciopelados y altares de mármol. Pero hay otras manos, la de los muertos anónimos que son corruptas y devoradas por insectos. Buñuel extrajo del subsuelo una mano anónima y animada. Trajo al mundo racional un objeto que no cuadra en nuestra narrativa convencional. Una mano cortada que no es una reliquia y atraviesa el mundo de los vivos es un objeto extraño que debemos definir, capturar con un significado, matarlo, si es necesario, para devolverlo a las cloacas y apartarlo de nuestro discurso legitimado por la Academia.

 

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